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  • Encuesta nacional : ¿qué piensan los colombianos después de siete años de justicia y paz?
    Esta encuesta, realizada con el apoyo de la Unidad de Víctimas, Fundación Social, la Universidad de los Andes; el acompañamiento técnico y financiero de OIM y USAID, y el Centro de Memoria Histórica, es la evaluación social de la Ley 975 de 2005 ó Justicia y Paz. Diferentes sectores de la población urbana colaboraron para obtener respuestas a preguntas como ¿Cuál es el impacto de la Ley de Justicia y Paz? Y ¿Cómo percibe su legado la sociedad colombiana? Los encuestados fueron seleccionados desde grupos de expertos, víctimas organizadas y ciudadanos del común. Los resultados presentados ofrecen un panorama del camino que la sociedad colombiana ha recorrido con la Ley de Justicia y Paz, al tiempo que contribuyen con sugerencias sobre las falencias y la gestión colectiva que le falta a nuestra sociedad para terminar el conflicto armado y hacer justicia para las víctimas.
  • Justicia y paz : ¿verdad judicial o verdad histórica?
    La Ley de Justicia y Paz se ha ganado todas las críticas imaginables por la lentitud de sus procesos, miles de casos en espera y sólo once sentencias en siete años de funcionamiento. Sin embargo su aporte en la reconstrucción de la verdad histórica del conflicto colombiano es invaluable y jamás se hubiera alcanzado a través de la Justicia Ordinaria.
  • Nuestra vida ha sido nuestra lucha : resistencia y memoria en el Cauca indígena
    La población indígena colombiana, considerada por muchos, los verdaderos herederos de esta tierra, ha sido por siglos la más ignorada y atropellada de todos los grupos sociales que habitan este país. Su trabajo, incansable, ha sido resistir y asegurar la sobrevivencia de su cosmovisión. El Centro de Memoria Histórica presenta su más reciente investigación sobre pueblos indígenas. Paéces, yanaconas, guambianos, coconucos, emberas e ingas del departamento del Cauca narran la historia de su participación política y su supervivencia en medio de las balas, el desplazamiento, las desapariciones forzadas, las masacres y la indiferencia de millones de sus hermanos menores. Nuestra vida ha sido nuestra lucha, es la reconstrucción de la memoria de los indígenas caucanos desde la formación de sus primeras asociaciones en los años 60, pasando por su participación en la Constituyente de 1991, hasta el camino que recorrieron con firmeza en las marchas de la primera década del siglo XXI. Toda esta actividad ha estado concentrada en tres demandas históricas, identificadas por lo investigadores del CMH: Unidad de tierras, unidad de culturas y autonomía. La oportunidad de entender el trasfondo de estas demandas a través del informe del CMH se da precisamente en el momento en el que la etnia Nasa-Paez del norte del Cauca alza su voz una vez más. Durante lo últimos meses esto ha tenido repercusión en la agenda noticiosa del país: imágenes de desalojo, análisis de los medios y declaraciones encontradas han sido el pan de cada día. Su grito por el respeto a la autonomía territorial tiene, en esta ocasión, otros reclamos puntuales: seguridad alimentaria y el retiro de las concesiones a multinacionales para la exploración y explotación minera y energética en sus territorios. Una salvedad importante sobre este informe que queda clara desde el prólogo es la pluralidad de voces que el lector encontrará en los diferentes capítulos. Esto se debe a que los investigadores encontraron que es imposible hablar de una sola “memoria” para todos los pueblos indígenas, así que optaron por aproximar al lector a distintas “memorias” sin temer a los matices y contradicciones que pueden hallarse entre ellas.
  • El placer : mujeres, coca y guerra en el bajo putumayo.
    La población civil del Bajo Putumayo ha sido, por más de veinte años, configurada en blanco y negro: guerrilleros o paramilitares. El acelerado progreso de los cultivos de coca, tan atractivo para las mafias y los actores armados, convirtieron esta tierra, de infinitos recursos naturales y cosmogonías indígenas, en un escenario de guerra. El Placer: mujeres, coca y guerra en el Bajo Putumayo es un recorrido por estas dos décadas de violencia impartida por las FARC y las AUC. Revela, también, los esfuerzos de resistencia de la población, promovidos, en especial, por las mujeres, quienes aún hoy persisten en un profundo anhelo por hacer memoria y romper con los estigmas que han marcado a su pueblo. La inspección de policía El Placer del municipio del Valle del Guamuez ha sido un punto clave de este conflicto. Narcotraficantes, guerrillas y paramilitares dispersaron terror, miedo, amenazas, torturas y violencia sexual por el afán de controlar el negocio de la producción de hoja de coca. Como si fuera poco, durante los noventa, El Placer fue foco de fumigaciones con glifosato (fue en esta zona, precisamente, donde comenzó el Plan Colombia), cuando a sus alrededores se extendía una de las mayores áreas de cultivo de coca. En los años noventa imperó la hegemonía guerrillera. Las FARC regulaban el negocio, administraban la justicia e intervenían en la cotidianidad de la población. En 1999 la expansión paramilitar en el sur de Colombia sembró al Bloque Sur Putumayo de las AUC en la zona. Empezó entonces una disputa por el poder territorial, económico, político y social. Durante siete años los paramilitares tomaron el casco urbano de El Placer como su base militar. Dado el prolongado tiempo de dominio de las FARC, los habitantes de El Valle y de El Placer fueron estigmatizados por las AUC como “guerrilleros de civil”. ‘Guerrillero’, ‘colaborador’, o ‘auxiliador’, fueron los rótulos con los que los paramilitares categorizaron a los campesinos de la zona, posteriormente amenazados o castigados. ‘Decente’, ‘indecente’, ‘prostituta’, ‘paraquera’ o ‘recorrida’, fue como resumieron los roles de las mujeres, limitando su participación en la comunidad y, en muchos casos, sometiéndolas al escarnio público. Los pobladores de El Placer han decidido parar de guardar silencio. En este libro narraron sus historias y transmitieron sus dolores. Dejaron claro que son mucho más que un rótulo.
  • Mujeres que hacen historia : tierra, cuerpo y política en el Caribe colombiano.
    Estos cuatro relatos de mujeres valientes de la Costa Caribe son el reverso de la guerra. Sus historias ayudan a entender el capítulo del conflicto que habla de la esperanza y la ilusión de que un día la barbarie va a terminar. Las mujeres no sólo fueron víctimas sino que se resistieron a las guerras, sostuvieron la vida en condiciones adversas mediante gestos cotidianos y organizaciones colectivas. Además, en medio de esas guerras las mujeres empiezan a hablar y a apropiarse de los derechos como ciudadanas. No todo es horror, no todo es desesperanza. Aparecen testimonios como los de María Zabala, involucrada en actividades comunitarias en su vereda, quien se convierte en víctima de los paramilitares cuando ellos asesinan a su marido frente a ella y sus hijos. Yolanda Izquierdo, quien se abre paso navegando en las distintas redes políticas de Córdoba y que es asesinada al reclamar por el precio irrisorio ofrecido por la Fundación Funpazcor, auspiciada por los Castaño. Magola Gómez, quien desde su adolescencia y en medio de la guerra, se apasiona por la política y se convierte en la primera dirigente mujer de la zona en el Directorio Liberal Nacional. La historia de las Mujeres del Perrenque como Margarita, hija de una de las pioneras que, en los años setenta, reclamaron tierras en Magdalena y lograron la titulación.
  • Mujeres y guerra : víctimas y resistentes en el Caribe colombiano.
    Para entender la guerra también es necesario mirar más allá del campo de batalla. Las festividades, las celebraciones religiosas o las actividades deportivas ilustran cuán importante es la cotidianidad de los pueblos como botín de guerra. Un ejemplo de ello fue lo ocurrido en la Costa Caribe entre 1997 y 2005, cuando las Autodefensas Unidas de Colombia dominaron a sangre y plomo los pueblos de la zona. Algunos de sus rasgos más notorios durante este periodo de conquista fueron la violencia contra las mujeres y la reconstrucción de un nuevo orden social. El acceso muchas veces violento a las mujeres más apetecidas de los pueblos y los castigos físicos diferenciados por sexo –que incluían crueles ejercicios de estigmatización pública como rapar sus cabezas, la esclavitud laboral y los trabajos forzados domésticos– se convirtieron en una estrategia tan poderosa como los propios muertos. Sin embargo, es claro dentro de los relatos que la violencia sexual responde a condiciones históricas y no biológicas de los actores armados. Es decir, este informe se aleja del lugar común que dice que todos los hombres armados estás dispuestos a violar a todas las mujeres. Hay momentos específicos, dados por las condiciones sociales del momento, que hacen que algunos tengan propensión a regular la vida sexual de las mujeres.
  • La memoria histórica desde la perspectiva de género : conceptos y herramientas.
    Desde principios de los noventa, gracias a la presión y cabildeo de organizaciones nacionales e internacionales de mujeres, la prensa colombiana difunde cada vez con mayor frecuencia noticias y reportajes sobre el impacto de la guerra y la relación entre actores armados y mujeres. Gracias a este esfuerzo, la opinión se entera de las incontables violaciones sexuales ocurridas en el marco del conflicto armado; del sufrimiento de las viudas, madres, novias e hijas que lloran la muerte de sus parientes o compañeros asesinados o desaparecidos en la guerra; de las resistencias que emprenden líderes campesinas que reclaman sus tierras, y que por eso mismo son amenazadas, perseguidas e infortunadamente, aun, asesinadas; de las mujeres que protestan contra la guerra y se toman las calles clamando que no han ‘parido hijos para la guerra’; y de la experiencia de mujeres, jóvenes y niñas en las filas paramilitares y guerrilleras. Este esfuerzo, loable a todas luces, puesto que rompe un silencio, presenta en ocasiones una visión idealizada, descontextualizada, fragmentaria y general de la relación de la guerra y las mujeres. Esta idealización, descontextualización, fragmentación y generalidad pueden conjugarse, no para generar un entendimiento más profundo y complejo de la relación guerra-mujeres, sino para provocar nuevos estereotipos que, en su simplicidad, albergan el potencial de reubicar a las colombianas en lugares apolíticos, y contribuir así a reforzar concepciones que asocian a las mujeres con la pasividad, la dependencia y la subordinación.
  • La masacre de El Tigre, Putumayo : un silencio que encontró su voz.
    La estigmatización como “pueblo guerrillero”, soportó este accionar violento, convirtiendo a sus pobladores en objetivos militares. La noche del 9 de enero de 1999, aproximadamente 150 paramilitares del Bloque Sur Putumayo, unidad adscrita al Bloque Central Bolívar—BCB— de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), irrumpieron en la zona urbana de la Inspección de Policía El Tigre, en el Bajo Putumayo (Valle del Guamuéz), en donde asesinaron a 28 personas, quemaron casas, motocicletas y vehículos. La represión y violencia directa contra esta población no terminó con la masacre, sino que se intensificó durante el período 2001-2006, cuando este mismo bloque paramilitar estableció en la mayoría de las zonas urbanas del Bajo Putumayo (Puerto Asís, Puerto Caicedo, Orito, La Hormiga, La Dorada) un control territorial permanente, ejerciendo un dominio social, económico y político en esta región. Así, la masacre y posterior ocupación paramilitar de la zona, generaron diversos daños y pérdidas que no sólo afectaron la economía de los habitantes del poblado, sino que modificaron sustancialmente la vida de campesinos, afrocolombianos e indígenas que habitan el sector.
  • El orden desarmado : la resistencia de la Asociación de Trabajadores Campesinos de Carare (ATCC).
    La resistencia de la Asociación de los Trabajadores Campesinos del Carare (ATCC). A diferencia de los otros informes publicados por el GMH, este no trata de hacer memoria frente a un episodio inédito y anteriormente contado de manera fragmentada, sino de reconstruir un proceso y la historia de 24 años (surge en 1987) de una organización campesina enfrentada en su transcurrir a diversas modalidades de violencia en el Carare, Santander. Es así que el informe se mueve en dos dimensiones: de un lado resalta la resistencia de la ATCC, la memoria de sus formas de enfrentar la violencia y las fases de la organización campesina. Y, del otro lado, contempla aspectos relacionados al proceso de victimización, la acción de la justicia y el proceso apenas inicial de reparación colectiva.
  • La Rochela : memorias de un crimen contra la Justicia.
    En la época en que ocurrieron los hechos, se presentaron en Colombia numerosos ataques contra empleados de la administración de justicia. El 18 de enero de 1989, cerca al corregimiento de La Rochela, en el municipio de Simacota, Santander, fue perpetrada por un grupo paramilitar una masacre en la que murieron 12 de un total de 15 funcionarios judiciales que investigaban varios delitos en la zona. El crimen fue el resultado de una alianza entre paramilitares, narcotraficantes y algunos miembros del Ejército, y se enmarca dentro de un contexto de violencia contra funcionarios judiciales. Entre 1979 y 1991, un promedio anual de 25 jueces y abogados fueron asesinados o sufrieron algún tipo de atentado. A partir de la masacre de la Rochela, como caso emblemático, se ilustrarán las múltiples formas de victimización de los operadores judiciales en Colombia. Memoria Histórica presentó el informe sobre este caso y el multimedia La Rochela: Memorias de un crimen contra la justicia , en la III Semana por la Memoria, el día miércoles 22 de septiembre de 2010 en la Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá.
  • Bojayá : la guerra sin límites.
    El 2 de mayo de 2002, aproximadamente 80 personas murieron (entre ellos 48 menores) luego de que guerrilleros de las FARC lanzaran un cilindro bomba, durante un enfrentamiento con paramilitares de las AUC, contra la iglesia de Bellavista (casco urbano del municipio de Bojayá) en donde la población se refugiaba. Este hecho representa un hito en la larga cadena de violencia que ha vivido nuestro país, a la vez que es un punto culmen de la degradación del conflicto armado que aún padecen las comunidades afrodescendientes e indígenas del medio Atrato y del departamento de Chocó. Esta acción violenta evidenció la violación de todas las normas del Derecho Internacional Humanitario por parte de los grupos armados, así como las fallas del Estado colombiano en su obligación de velar por la integridad de esta comunidad. Memoria Histórica (MH) presentó públicamente este informe el 24 de septiembre de 2010, durante la III Semana por la Memoria, en la sede del Archivo General de la Nación en Bogotá; y en los lanzamientos regionales realizados el 18 y 19 de noviembre de 2010 en Bellavista-Bojayá (Chocó) y Quibdó (Chocó), respectivamente. Como apoyo a esta investigación MH presentó el documental Bojayá: La guerra sin límites, cuyo estreno se llevó a cabo durante la III Semana por la Memoria (jueves 23 de septiembre) y fue proyectado también durante los lanzamientos regionales. (tomado pagina web CNMH)." "^aEn la época en que ocurrieron los hechos, se presentaron en Colombia numerosos ataques contra empleados de la administración de justicia. El 18 de enero de 1989, cerca al corregimiento de La Rochela, en el municipio de Simacota, Santander, fue perpetrada por un grupo paramilitar una masacre en la que murieron 12 de un total de 15 funcionarios judiciales que investigaban varios delitos en la zona. El crimen fue el resultado de una alianza entre paramilitares, narcotraficantes y algunos miembros del Ejército, y se enmarca dentro de un contexto de violencia contra funcionarios judiciales. Entre 1979 y 1991, un promedio anual de 25 jueces y abogados fueron asesinados o sufrieron algún tipo de atentado. A partir de la masacre de la Rochela, como caso emblemático, se ilustrarán las múltiples formas de victimización de los operadores judiciales en Colombia. Memoria Histórica presentó el informe sobre este caso y el multimedia La Rochela: Memorias de un crimen contra la justicia , en la III Semana por la Memoria, el día miércoles 22 de septiembre de 2010 en la Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá.
  • La masacre de Bahía Portete : mujeres Wayuu en la mira.
    Este informe fue lanzado en la III Semana por la Memoria de 2010. El 18 de abril de 2004, aproximadamente 40 paramilitares entran a Bahía Portete, en La Alta Guajira, y con lista en mano torturan y asesinan a por lo menos 6 personas, cuatro de ellas mujeres; profanan el cementerio, saquean y queman varias casas, generando así el desplazamiento forzado de más de 600 indígenas wayuu. Este caso ilustra un patrón de violencia y tortura sexual contra las mujeres como mecanismo para arrasar y doblegar a miembros de un grupo étnico. Junto con el informe también se lanzó la Exposición fotográfica: Memorias y huellas de la guerra: resistencias de las mujeres en el Caribe Colombiano, el jueves 30 de septiembre de 2010 en la Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá.
  • La tierra en disputa : memorias del despojo y resistencias campesinas en la Costa Caribe 1960 -2010.
    Este informe recoge las memorias de despojo de tierras y resistencias campesinas en los departamentos de Córdoba, Sucre y en los Montes de María. Asimismo, analiza los procesos organizativos del campesinado y la memoria institucional de políticas agrarias en la región, con particular énfasis en el papel de las mujeres como víctimas y a la vez líderes. Memoria Histórica presentó esta investigación el lunes 27 de septiembre 2010, durante la III Semana por la Memoria, en el Auditorio Galán de la Universidad Javeriana de Bogotá. Su lanzamiento oficial fue realizado el lunes 22 de noviembre de 2010 en Sincelejo, Sucre. En apoyo a este trabajo han sido presentados la multimedia La tierra ya no es pa’l que la trabaja y el libro Luchas campesinas y reforma agraria: memorias de un dirigente de la ANUC en la costa caribe, del líder campesino Jesús María Pérez.
  • La masacre de El Salado : esa guerra no era nuestra.
    Informe presentado al público en la II Semana por la Memoria de septiembre de 2009. La masacre de El Salado es una de las más atroces del conflicto contemporáneo de Colombia. Fue perpetrada entre el 16 y el 21 de febrero del 2000 por 450 paramilitares, que apoyados por helicópteros, dieron muerte a 60 personas en estado de total indefensión. Tras la masacre se produjo el éxodo de toda la población, convirtiendo a El Salado en un pueblo fantasma. Hasta el día de hoy solo han retornado 730 de las 7,000 personas que lo habitaban. Este suceso hace parte de la más sangrienta escalada de eventos de violencia masiva ocurridos en Colombia entre 1999 y el 2001. En ese período en la región de los Montes de María, donde está ubicado El Salado, la violencia se materializó en 42 masacres que dejaron 354 víctimas fatales. El informe hace una rigurosa reconstrucción de los hechos y pone en evidencia las consecuencias funestas de la estigmatización de la población civil atrapada en la lucha de los actores armados por el control de territorios. Este informe es a su vez una invitación a la sociedad a reconocer y reconocerse en lo sucedido, a solidarizarse y movilizarse por las demandas de verdad, justicia y reparación de las víctimas de esta masacre inenarrable.
  • Memorias en tiempo de guerra : repertorio de iniciativas.
    Establece una tipología de iniciativas de memoria y analiza algunos casos de organizaciones y comunidades que han trabajado desde esta perspectiva. La investigación estuvo dedicada al estudio de algunos procesos de construcción y formalización de memorias acerca del conflicto armado, las comunidades involucradas y los recursos expresivos utilizados. Las personas afectadas han reconstruido su cotidianidad en medio del conflicto armado y han contribuido a modificar los imaginarios que atizan la violencia.
  • Recordar y narrar el conflicto : herramientas para reconstruir memoria histórica.
    Es una herramienta pedagógica que ofrece instrumentos conceptuales, metodológicos, éticos y psicosociales para que desde distintas voces y lugares de la sociedad, se impulsen procesos autónomos locales y regionales de esclarecimiento de la verdad y construcción de las memorias. Está dirigido a personas interesadas en formarse como gestores de memoria que pueden ser hombres y mujeres con liderazgo en sus comunidades, maestros, funcionarios, periodistas, jóvenes y trabajadores culturales. El propósito de este material, el cual fue presentado durante la II Semana por la Memoria (septiembre de 2009), es ofrecer herramientas para reconstruir memoria histórica que permitan explorar y entender modos de empoderamiento de las voces silenciadas, subordinadas y suprimidas en el ámbito de la memoria recogiendo sus experiencias como víctimas de vejaciones específicas, pero también como actores sociales y políticos con capacidad transformativa.
  • El despojo de tierras y territorios : aproximación conceptual.
    Este documento se ha elaborado con varios propósitos. El primero busca aportar elementos de reflexión frente al vacío bibliográfico existente sobre el concepto de despojo de tierras y territorios. Se presenta un marco teórico, que a priori y de manera preliminar, permite ordenar la información acopiada por la Línea de Investigación Tierra y Conflicto del Área de Memoria Histórica (MH) de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación CNRR, para cada uno de los estudios de caso definidos por dicha Área. La construcción de este marco se realizó a partir de la racionalización académica de la experiencia de los investigadores en el tema rural y agrario, complementado con los aportes recopilados en entrevistas efectuadas a víctimas de la violencia, y consultas de información documental de artículos de prensa. Para cumplir con este objetivo se propone una definición o concepto inicial del despojo dentro del contexto del conflicto armado interno colombiano, así como una posible matriz de clasificación de las distintas modalidades del despojo de tierras y territorios. En esta lógica se identifican dos ejes o criterios como punto de partida para la construcción de esta clasifi cación: el primero está asociado a los medios utilizados por los perpetradores para conseguir el despojo, y el segundo se liga al aprovechamiento o uso de la tierra y el territorio despojados.
  • Trujillo : una tragedia que no cesa.
    Este informe es el primer gran informe de Memoria Histórica, lanzado en la I Semana por la Memoria en 2008. El municipio de Trujillo (Valle del Cauca) ha sido escenario de una violencia múltiple y continuada. Entre 1988 y 1994 se registraron, según los familiares y organizaciones humanitarias, 342 victimas de homicidio, tortura y desaparición forzada. Actores de todo tipo confluyeron para representar un espectáculo de horror que aún hoy sacude la conciencia de sus pobladores, en medio de la más aberrante impunidad. Este caso de estudio fue el primero que abordó el Grupo de Memoria Histórica. El informe, titulado "Trujillo: Una tragedia que no cesa", fue publicado en el marco de la I Semana por la Memoria (septiembre de 2008) e Ilustra el impacto desarticulador del terror que han vivido tantas comunidades y las dinámicas perversas del conflicto armado interno en todo el país. La memoria histórica que reconstruye este informe sigue teniendo numerosos rasgos de presente. El documental Trujillo: Una tragedia que no cesa y la exposición fotográfica Destino: Memoria, así como las recomendaciones hechas por MH para la construcción de una política pública centrada en las víctimas, hacen parte integral del informe.
  • Basta ya : memorias la voz de los sobrevivientes.
  • Mujeres que hacen historia : Tierra, cuerpo y política en el Caribe.
  • San Carlos : Memoria del éxodo en la guerra.
  • Masacre el Salado, esa guerra no era nuestra.
  • La masacre de Bahía Portete : Mujeres Wayúu en la mira.
  • Bojayá : la guerra sin límites.
  • Pluralismo y disenso, amenaza o riqueza.