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  • Ayer (Balada Rock).
    Tocó cantar (Travesía contra el olvido)
  • ¿Por qué recordar? (Banda Rap).
    Tocó cantar (Travesía contra el olvido)
  • A reclamar ya (Chirimía Cantada).
    Tocó cantar (Travesía contra el olvido)
  • Tú quieres tierra (Hip-Hop Reggae).
    Tocó cantar (Travesía contra el olvido)
  • Ahí estás (Rock Acústico ).
    Tocó cantar (Travesía contra el olvido)
  • Nuestra Mujer y el Conflicto (Bambuco )
    Tocó cantar (Travesía contra el olvido)
  • Espérame (Porp Alternativo ).
    Tocó cantar (Travesía contra el olvido)
  • Aquí te espero (Carranga Indígena).
    Tocó cantar (Travesía contra el olvido)
  • Un líder embera (Carranga Indígena).
    Tocó cantar (Travesía contra el olvido). Las canciones que hacen parte de esta producción musical tienen el doble propósito de reconocer, visibilizar y difundir el trabajo de compositores locales y regionales de canciones relacionadas con la memoria del conflicto armado que se gestan a lo largo del territorio nacional, y describir las múltiples realidades de las comunidades, así como sus procesos de acción creativa y de resistencia. Estas expresiones sonoras narran historias íntimas, y describen sutilmente los espacios cotidianos, a través de diversos géneros musicales convirtiéndose en una fuente primera a partir de la cual se organiza y constituye la memoria colectiva de una comunidad o de un pueblo. Memoria que propone una comprensión singular del tiempo y del espacio, que construye canales entre generaciones y sectores de la sociedad. Memoria que plasma desde el arte el dolor causado por la violencia; un patrimonio inmaterial que, con canciones, letras, poemas, versos resiste al olvido. Esta travesía abrió el espectro de las múltiples formas de ver y contar las particularidades de la guerra; las canciones nos hablan del desplazamiento y de la desaparición forzada, nos muestran a mujeres y jóvenes como actores de la guerra y como constructores de paz y convivencia, nos cuentan sobre el exilio y la añoranza del retorno. También destacan las voces de algunos pueblos indígenas y afrodescendientes, que en sus cantos exponen al mundo siglos de marginalidad sufridos. Esta radiografía musical insiste en señalar a la expropiación de la tierra y al empleo abusivo de los recursos naturales como dos de las mayores causas del conflicto. En definitiva, nos cuentan las experiencias guardadas en el fondo de la memoria que servirán de instrumento para transformar la sensibilidad social y ahondar en la razón y el corazón de quienes han vivido la guerra. Con música llanera, aguabajo, hip-hop y sus fusiones, torbellino, bambuco, carranga indígena, pop, rock, reggae, balada, chirimía, canción protesta, chacarera, salsa, cumbia, vallenato, alabao, ranchera, carrilera, currulao y abozao, se les revelan a los colombianos los pliegues más recónditos de una guerra que ya nos tocó cantar, para no olvidar.
  • Quiero regresar (Latin Fusion Word Music).
    Tocó cantar (Travesía contra el olvido). Las canciones que hacen parte de esta producción musical tienen el doble propósito de reconocer, visibilizar y difundir el trabajo de compositores locales y regionales de canciones relacionadas con la memoria del conflicto armado que se gestan a lo largo del territorio nacional, y describir las múltiples realidades de las comunidades, así como sus procesos de acción creativa y de resistencia. Estas expresiones sonoras narran historias íntimas, y describen sutilmente los espacios cotidianos, a través de diversos géneros musicales convirtiéndose en una fuente primera a partir de la cual se organiza y constituye la memoria colectiva de una comunidad o de un pueblo. Memoria que propone una comprensión singular del tiempo y del espacio, que construye canales entre generaciones y sectores de la sociedad. Memoria que plasma desde el arte el dolor causado por la violencia; un patrimonio inmaterial que, con canciones, letras, poemas, versos resiste al olvido. Esta travesía abrió el espectro de las múltiples formas de ver y contar las particularidades de la guerra; las canciones nos hablan del desplazamiento y de la desaparición forzada, nos muestran a mujeres y jóvenes como actores de la guerra y como constructores de paz y convivencia, nos cuentan sobre el exilio y la añoranza del retorno. También destacan las voces de algunos pueblos indígenas y afrodescendientes, que en sus cantos exponen al mundo siglos de marginalidad sufridos. Esta radiografía musical insiste en señalar a la expropiación de la tierra y al empleo abusivo de los recursos naturales como dos de las mayores causas del conflicto. En definitiva, nos cuentan las experiencias guardadas en el fondo de la memoria que servirán de instrumento para transformar la sensibilidad social y ahondar en la razón y el corazón de quienes han vivido la guerra. Con música llanera, aguabajo, hip-hop y sus fusiones, torbellino, bambuco, carranga indígena, pop, rock, reggae, balada, chirimía, canción protesta, chacarera, salsa, cumbia, vallenato, alabao, ranchera, carrilera, currulao y abozao, se les revelan a los colombianos los pliegues más recónditos de una guerra que ya nos tocó cantar, para no olvidar.
  • La Memoria (Torbellino).
    Tocó cantar (Travesía contra el olvido). Las canciones que hacen parte de esta producción musical tienen el doble propósito de reconocer, visibilizar y difundir el trabajo de compositores locales y regionales de canciones relacionadas con la memoria del conflicto armado que se gestan a lo largo del territorio nacional, y describir las múltiples realidades de las comunidades, así como sus procesos de acción creativa y de resistencia. Estas expresiones sonoras narran historias íntimas, y describen sutilmente los espacios cotidianos, a través de diversos géneros musicales convirtiéndose en una fuente primera a partir de la cual se organiza y constituye la memoria colectiva de una comunidad o de un pueblo. Memoria que propone una comprensión singular del tiempo y del espacio, que construye canales entre generaciones y sectores de la sociedad. Memoria que plasma desde el arte el dolor causado por la violencia; un patrimonio inmaterial que, con canciones, letras, poemas, versos resiste al olvido. Esta travesía abrió el espectro de las múltiples formas de ver y contar las particularidades de la guerra; las canciones nos hablan del desplazamiento y de la desaparición forzada, nos muestran a mujeres y jóvenes como actores de la guerra y como constructores de paz y convivencia, nos cuentan sobre el exilio y la añoranza del retorno. También destacan las voces de algunos pueblos indígenas y afrodescendientes, que en sus cantos exponen al mundo siglos de marginalidad sufridos. Esta radiografía musical insiste en señalar a la expropiación de la tierra y al empleo abusivo de los recursos naturales como dos de las mayores causas del conflicto. En definitiva, nos cuentan las experiencias guardadas en el fondo de la memoria que servirán de instrumento para transformar la sensibilidad social y ahondar en la razón y el corazón de quienes han vivido la guerra. Con música llanera, aguabajo, hip-hop y sus fusiones, torbellino, bambuco, carranga indígena, pop, rock, reggae, balada, chirimía, canción protesta, chacarera, salsa, cumbia, vallenato, alabao, ranchera, carrilera, currulao y abozao, se les revelan a los colombianos los pliegues más recónditos de una guerra que ya nos tocó cantar, para no olvidar.
  • Diez años cada domingo (Bambuco ).
    Tocó cantar (Travesía contra el olvido). Las canciones que hacen parte de esta producción musical tienen el doble propósito de reconocer, visibilizar y difundir el trabajo de compositores locales y regionales de canciones relacionadas con la memoria del conflicto armado que se gestan a lo largo del territorio nacional, y describir las múltiples realidades de las comunidades, así como sus procesos de acción creativa y de resistencia. Estas expresiones sonoras narran historias íntimas, y describen sutilmente los espacios cotidianos, a través de diversos géneros musicales convirtiéndose en una fuente primera a partir de la cual se organiza y constituye la memoria colectiva de una comunidad o de un pueblo. Memoria que propone una comprensión singular del tiempo y del espacio, que construye canales entre generaciones y sectores de la sociedad. Memoria que plasma desde el arte el dolor causado por la violencia; un patrimonio inmaterial que, con canciones, letras, poemas, versos resiste al olvido. Esta travesía abrió el espectro de las múltiples formas de ver y contar las particularidades de la guerra; las canciones nos hablan del desplazamiento y de la desaparición forzada, nos muestran a mujeres y jóvenes como actores de la guerra y como constructores de paz y convivencia, nos cuentan sobre el exilio y la añoranza del retorno. También destacan las voces de algunos pueblos indígenas y afrodescendientes, que en sus cantos exponen al mundo siglos de marginalidad sufridos. Esta radiografía musical insiste en señalar a la expropiación de la tierra y al empleo abusivo de los recursos naturales como dos de las mayores causas del conflicto. En definitiva, nos cuentan las experiencias guardadas en el fondo de la memoria que servirán de instrumento para transformar la sensibilidad social y ahondar en la razón y el corazón de quienes han vivido la guerra. Con música llanera, aguabajo, hip-hop y sus fusiones, torbellino, bambuco, carranga indígena, pop, rock, reggae, balada, chirimía, canción protesta, chacarera, salsa, cumbia, vallenato, alabao, ranchera, carrilera, currulao y abozao, se les revelan a los colombianos los pliegues más recónditos de una guerra que ya nos tocó cantar, para no olvidar.
  • Sin olvido (Hip-Hop - Rock).
    Tocó cantar (Travesía contra el olvido). Las canciones que hacen parte de esta producción musical tienen el doble propósito de reconocer, visibilizar y difundir el trabajo de compositores locales y regionales de canciones relacionadas con la memoria del conflicto armado que se gestan a lo largo del territorio nacional, y describir las múltiples realidades de las comunidades, así como sus procesos de acción creativa y de resistencia. Estas expresiones sonoras narran historias íntimas, y describen sutilmente los espacios cotidianos, a través de diversos géneros musicales convirtiéndose en una fuente primera a partir de la cual se organiza y constituye la memoria colectiva de una comunidad o de un pueblo. Memoria que propone una comprensión singular del tiempo y del espacio, que construye canales entre generaciones y sectores de la sociedad. Memoria que plasma desde el arte el dolor causado por la violencia; un patrimonio inmaterial que, con canciones, letras, poemas, versos resiste al olvido. Esta travesía abrió el espectro de las múltiples formas de ver y contar las particularidades de la guerra; las canciones nos hablan del desplazamiento y de la desaparición forzada, nos muestran a mujeres y jóvenes como actores de la guerra y como constructores de paz y convivencia, nos cuentan sobre el exilio y la añoranza del retorno. También destacan las voces de algunos pueblos indígenas y afrodescendientes, que en sus cantos exponen al mundo siglos de marginalidad sufridos. Esta radiografía musical insiste en señalar a la expropiación de la tierra y al empleo abusivo de los recursos naturales como dos de las mayores causas del conflicto. En definitiva, nos cuentan las experiencias guardadas en el fondo de la memoria que servirán de instrumento para transformar la sensibilidad social y ahondar en la razón y el corazón de quienes han vivido la guerra. Con música llanera, aguabajo, hip-hop y sus fusiones, torbellino, bambuco, carranga indígena, pop, rock, reggae, balada, chirimía, canción protesta, chacarera, salsa, cumbia, vallenato, alabao, ranchera, carrilera, currulao y abozao, se les revelan a los colombianos los pliegues más recónditos de una guerra que ya nos tocó cantar, para no olvidar.
  • Enamorado de ti (Pacífico Gran Comarca) (Aguabajo).
    Tocó cantar (Travesía contra el olvido). Las canciones que hacen parte de esta producción musical tienen el doble propósito de reconocer, visibilizar y difundir el trabajo de compositores locales y regionales de canciones relacionadas con la memoria del conflicto armado que se gestan a lo largo del territorio nacional, y describir las múltiples realidades de las comunidades, así como sus procesos de acción creativa y de resistencia. Estas expresiones sonoras narran historias íntimas, y describen sutilmente los espacios cotidianos, a través de diversos géneros musicales convirtiéndose en una fuente primera a partir de la cual se organiza y constituye la memoria colectiva de una comunidad o de un pueblo. Memoria que propone una comprensión singular del tiempo y del espacio, que construye canales entre generaciones y sectores de la sociedad. Memoria que plasma desde el arte el dolor causado por la violencia; un patrimonio inmaterial que, con canciones, letras, poemas, versos resiste al olvido. Esta travesía abrió el espectro de las múltiples formas de ver y contar las particularidades de la guerra; las canciones nos hablan del desplazamiento y de la desaparición forzada, nos muestran a mujeres y jóvenes como actores de la guerra y como constructores de paz y convivencia, nos cuentan sobre el exilio y la añoranza del retorno. También destacan las voces de algunos pueblos indígenas y afrodescendientes, que en sus cantos exponen al mundo siglos de marginalidad sufridos. Esta radiografía musical insiste en señalar a la expropiación de la tierra y al empleo abusivo de los recursos naturales como dos de las mayores causas del conflicto. En definitiva, nos cuentan las experiencias guardadas en el fondo de la memoria que servirán de instrumento para transformar la sensibilidad social y ahondar en la razón y el corazón de quienes han vivido la guerra. Con música llanera, aguabajo, hip-hop y sus fusiones, torbellino, bambuco, carranga indígena, pop, rock, reggae, balada, chirimía, canción protesta, chacarera, salsa, cumbia, vallenato, alabao, ranchera, carrilera, currulao y abozao, se les revelan a los colombianos los pliegues más recónditos de una guerra que ya nos tocó cantar, para no olvidar.
  • De la guerra a la paz (Joropo).
    Tocó cantar (Travesía contra el olvido). Las canciones que hacen parte de esta producción musical tienen el doble propósito de reconocer, visibilizar y difundir el trabajo de compositores locales y regionales de canciones relacionadas con la memoria del conflicto armado que se gestan a lo largo del territorio nacional, y describir las múltiples realidades de las comunidades, así como sus procesos de acción creativa y de resistencia. Estas expresiones sonoras narran historias íntimas, y describen sutilmente los espacios cotidianos, a través de diversos géneros musicales convirtiéndose en una fuente primera a partir de la cual se organiza y constituye la memoria colectiva de una comunidad o de un pueblo. Memoria que propone una comprensión singular del tiempo y del espacio, que construye canales entre generaciones y sectores de la sociedad. Memoria que plasma desde el arte el dolor causado por la violencia; un patrimonio inmaterial que, con canciones, letras, poemas, versos resiste al olvido. Esta travesía abrió el espectro de las múltiples formas de ver y contar las particularidades de la guerra; las canciones nos hablan del desplazamiento y de la desaparición forzada, nos muestran a mujeres y jóvenes como actores de la guerra y como constructores de paz y convivencia, nos cuentan sobre el exilio y la añoranza del retorno. También destacan las voces de algunos pueblos indígenas y afrodescendientes, que en sus cantos exponen al mundo siglos de marginalidad sufridos. Esta radiografía musical insiste en señalar a la expropiación de la tierra y al empleo abusivo de los recursos naturales como dos de las mayores causas del conflicto. En definitiva, nos cuentan las experiencias guardadas en el fondo de la memoria que servirán de instrumento para transformar la sensibilidad social y ahondar en la razón y el corazón de quienes han vivido la guerra. Con música llanera, aguabajo, hip-hop y sus fusiones, torbellino, bambuco, carranga indígena, pop, rock, reggae, balada, chirimía, canción protesta, chacarera, salsa, cumbia, vallenato, alabao, ranchera, carrilera, currulao y abozao, se les revelan a los colombianos los pliegues más recónditos de una guerra que ya nos tocó cantar, para no olvidar.
  • Los falsos positivos (Poema Llanero).
    Las canciones que hacen parte de esta producción musical tienen el doble propósito de reconocer, visibilizar y difundir el trabajo de compositores locales y regionales de canciones relacionadas con la memoria del conflicto armado que se gestan a lo largo del territorio nacional, y describir las múltiples realidades de las comunidades, así como sus procesos de acción creativa y de resistencia. Estas expresiones sonoras narran historias íntimas, y describen sutilmente los espacios cotidianos, a través de diversos géneros musicales convirtiéndose en una fuente primera a partir de la cual se organiza y constituye la memoria colectiva de una comunidad o de un pueblo. Memoria que propone una comprensión singular del tiempo y del espacio, que construye canales entre generaciones y sectores de la sociedad. Memoria que plasma desde el arte el dolor causado por la violencia; un patrimonio inmaterial que, con canciones, letras, poemas, versos resiste al olvido. Esta travesía abrió el espectro de las múltiples formas de ver y contar las particularidades de la guerra; las canciones nos hablan del desplazamiento y de la desaparición forzada, nos muestran a mujeres y jóvenes como actores de la guerra y como constructores de paz y convivencia, nos cuentan sobre el exilio y la añoranza del retorno. También destacan las voces de algunos pueblos indígenas y afrodescendientes, que en sus cantos exponen al mundo siglos de marginalidad sufridos. Esta radiografía musical insiste en señalar a la expropiación de la tierra y al empleo abusivo de los recursos naturales como dos de las mayores causas del conflicto. En definitiva, nos cuentan las experiencias guardadas en el fondo de la memoria que servirán de instrumento para transformar la sensibilidad social y ahondar en la razón y el corazón de quienes han vivido la guerra. Con música llanera, aguabajo, hip-hop y sus fusiones, torbellino, bambuco, carranga indígena, pop, rock, reggae, balada, chirimía, canción protesta, chacarera, salsa, cumbia, vallenato, alabao, ranchera, carrilera, currulao y abozao, se les revelan a los colombianos los pliegues más recónditos de una guerra que ya nos tocó cantar, para no olvidar.
  • Un río que canta (Experimenta l).
    Las canciones que hacen parte de esta producción musical tienen el doble propósito de reconocer, visibilizar y difundir el trabajo de compositores locales y regionales de canciones relacionadas con la memoria del conflicto armado que se gestan a lo largo del territorio nacional, y describir las múltiples realidades de las comunidades, así como sus procesos de acción creativa y de resistencia. Estas expresiones sonoras narran historias íntimas, y describen sutilmente los espacios cotidianos, a través de diversos géneros musicales convirtiéndose en una fuente primera a partir de la cual se organiza y constituye la memoria colectiva de una comunidad o de un pueblo. Memoria que propone una comprensión singular del tiempo y del espacio, que construye canales entre generaciones y sectores de la sociedad. Memoria que plasma desde el arte el dolor causado por la violencia; un patrimonio inmaterial que, con canciones, letras, poemas, versos resiste al olvido. Esta travesía abrió el espectro de las múltiples formas de ver y contar las particularidades de la guerra; las canciones nos hablan del desplazamiento y de la desaparición forzada, nos muestran a mujeres y jóvenes como actores de la guerra y como constructores de paz y convivencia, nos cuentan sobre el exilio y la añoranza del retorno. También destacan las voces de algunos pueblos indígenas y afrodescendientes, que en sus cantos exponen al mundo siglos de marginalidad sufridos. Esta radiografía musical insiste en señalar a la expropiación de la tierra y al empleo abusivo de los recursos naturales como dos de las mayores causas del conflicto. En definitiva, nos cuentan las experiencias guardadas en el fondo de la memoria que servirán de instrumento para transformar la sensibilidad social y ahondar en la razón y el corazón de quienes han vivido la guerra. Con música llanera, aguabajo, hip-hop y sus fusiones, torbellino, bambuco, carranga indígena, pop, rock, reggae, balada, chirimía, canción protesta, chacarera, salsa, cumbia, vallenato, alabao, ranchera, carrilera, currulao y abozao, se les revelan a los colombianos los pliegues más recónditos de una guerra que ya nos tocó cantar, para no olvidar.
  • Basta ya : memorias la voz de los sobrevivientes.
  • Mujeres que hacen historia : Tierra, cuerpo y política en el Caribe.
  • San Carlos : Memoria del éxodo en la guerra.
  • Masacre el Salado, esa guerra no era nuestra.
  • La masacre de Bahía Portete : Mujeres Wayúu en la mira.
  • Bojayá : la guerra sin límites.
  • Pluralismo y disenso, amenaza o riqueza.
  • Resistir reconstruyendo memoria.